El pájaro que trae la buena suerte.

Esta película y la siguiente demuestran lo grande que puede ser un libro... un tesoro en el desierto. Y que con tesón y empeño, se consigue que los montes se aplanen.
Y ahora, un poema de Gonzalo Moure Trenor.
El ángel de la hammada. Casi una blasfemia.
El ángel de la hammada
descansa a esta hora larga.
Nada se mueve en el laberinto
de adobe, duermen los niños
en los pliegues de la mehlfa,
hierven las piedras
entre la arena.
El ángel de la hammada
afloja la garra de la condena,
contempla a sus presos
y siente pena.
Por el niño que hierve
bajo las moscas.
Por la mujer que llora
la fiebre de la carne
de su carne.
Por el soldado que carga
su fusil con balas vacías.
Por el maestro que enseña
con lápices rotos.
El ángel de la hammada
ya se despereza, aleja
la compasión como a las moscas.
Afila el cuchillo,
aviva los hornos bajo la arena,
seca los pozos con aliento de fuego.
Termina la siesta,
el anciano mumura
una plegaria, ruega a los cielos
que venga pronto y les ayude…
El ángel de la hammada.
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